lunes, 22 de septiembre de 2008

Edición del lunes 22 de septiembre del 2006

“Fuimos pilotos de tormenta”

Tenía 36 años cuando a fines del año 2000 fue designado para reemplazar a Adriana Cantero como responsable de la Delegación VI de Educación, cargo en el que se desempeñó hasta septiembre de 2002. Un escenario conflictivo en lo social "que nos colocó como pilotos de tormenta", cuenta hoy Andrés Rattaro, ex funcionario del Ministerio de Educación provincial. Antes había tenido un breve paso por la Dirección Provincial de Relaciones Institucionales y Gremiales de la cartera comandada entonces por Alejandro Rébola.

Tras su experiencia en el ministerio, fue funcionario de la Municipalidad de San Lorenzo (2003) y asesor en el Senado provincial. Miembro activo del Partido Justicialista provincial —donde también es congresal nacional—, Rattaro se confiesa un apasionado por los temas educativos. Si bien no se anima a emitir un juicio terminante sobre la gestión socialista actual, considera que existe "un amesetamiento", incluso con concursos docentes "que no tienen en cuenta el perfeccionamiento".

Pero sin dudas el sillón que ocupara durante dos años en el primer piso de Gaboto 450 es el sitio que más recuerdos y anécdotas le traen. "Mi paso por la Regional VI ha marcado un hito en mi vida. No lo puedo olvidar nunca, y a la vez no me lo hacen olvidar muchos docentes con los que actualmente me cruzo por la calle", cuenta el ingeniero civil egresado de la UNR, diploma con el que se desempeña actualmente en la actividad privada.

Los temas sociales, los comedores escolares, problemas de infraestructura y una creciente ola de violencia eran —cuenta — lo temas que ocupaban el grueso de la agenda de su mandato. No obstante, se siente "orgulloso de lo que se pudo hacer" en la función pública, cargo que admite que volvería a ocupar.
Antecedentes del nuevo Jefe del Ejército



EL GENERAL POZZI ES EL NUEVO JEFE DEL EJÉRCITO

La Presidenta Cristina Fernández de Kirchner designó hoy como nuevo jefe del Estado Mayor General del Ejército, al general de División Luis Alberto Pozzi, quien hasta ahora se desempeñaba como subjefe de esa fuerza.

El general Pozzi, que fue designado a través del decreto 1535, era el segundo general más antiguo de la fuerza hasta su nombramiento a la cabeza del Ejército.

Aclaración: la jerarquía de los oficiales superiores comprende a los grados de teniente general, general de División, general de brigada y coronel en orden descendente. Los oficiales jefes comprende la jerarquía de teniente coronel y mayor, en el mismo orden que los anteriores.

A continuación se transcribe una síntesis de su trayectoria militar.

Nació el 25 abril 1948. Egresó del colegio Militar de la Nación como subteniente del Arma de Comunicaciones en diciembre de 1968.

Como Oficial Subalterno, prestó servicios en:
• Diversas unidades de Comunicaciones
• Se desempeñó como jefe del centro fijo del Teatro de Operaciones Sur (TOS), durante el conflicto del Atlántico Sur.
• Escuela de Suboficiales Sargento Cabral
• Colegio Militar de la Nación
• Escuela Superior Técnica.

Como Oficial Jefe prestó servicios en:
• La dirección Técnica.
• Agrupación de Comunicaciones 601.
• Dirección de Comunicaciones.
• Jefe de Batallón de Comunicaciones 601.

Siendo Oficial superior prestó servicios como
• Director de tecnología militar y materiales de guerra.
• Director de Sistemas de Comunicaciones e Informática del Ejército.
• Comandante Conjunto de Comunicaciones, guerra electrónica e informática del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas.
• Director de Evolución Tecnológica.
• Comandante de Comunicaciones e Informática.
• Director de Investigación, Desarrollo y Producción del Ejército Argentino.

El 22 de diciembre de 2006, y por decreto presidencial, es designado subjefe del Estado Mayor General del Ejército.

El General Pozzi es:
• Oficial Ingeniero Militar
• Graduado en Tecnología Aeroespacial de la Universidad Tecnológica Nacional.

Le fueron otorgadas las siguientes distinciones:
• Medalla al mérito militar “Duque de Caxias” – Ejército de Brasil.
• Medalla “Honor al mérito” Libertador General San Martín – Ejército de Venezuela.
• Condecoración “Estrella de Carabobo” única clase – Ejército de Venezuela.
• Medalla “General Córdova” – Ejército de Colombia.
05 de agosto del 2008
El complejo militar-industrial

Chalmers Johnson

Tom Dispach


Por Chalmers Johnson y Tom Dispatch
Traducido para Rebelión por Germán Leyens

¡Ojo! Mercenarios a la obra

Si se quiere presentar algo de contexto para la última presentación de Chalmers Johnson sobre la privatización de los servicios de inteligencia de EE.UU., es importante saber hasta qué punto es lucrativo el “negocio” de la inteligencia. Según el último cálculo, el presupuesto acumulado de inteligencia para 2009 de las 16 agencias en la comunidad de la inteligencia de EE.UU. será de más de 55.000 millones de dólares. Sin embargo, es posible que la cifra real en ese presupuesto extremadamente confidencial pueda subir a más de 66.000 millones de dólares, lo que significaría que el presupuesto de EE.UU. para agentes secretos se ha más que duplicado en menos de una década. Como señala Robert Dreyfuss en su invaluable blog en The Nation, de modo aún más espectacular (y derrochador), gran parte de ese dinero terminará en manos de los “contratistas privados” quienes ya tienen su propio mini-complejo inteligencia-industria.

Chalmers Johnson, quien una vez fue consultor de la CIA y más recientemente llamó a que se cerrara la Agencia en su libro Nemesis: The Last Days of the American Republic [Némesis, los últimos días de la república estadounidense], tercer volumen de su Blowback Trilogy, sabe un par de cosas sobre el mundo de los servicios de inteligencia de EE.UU. Como escribiera: “Una agencia de inteligencia incompetente o inescrupulosa puede representar una amenaza tan grande para la seguridad nacional como no tener ninguna.” Ahora, consideremos, junto con Johnson, lo incompetente e inescrupulosa que puede resultar una “comunidad” de inteligencia privatizada. Tom

El complejo militar-industrial. Es mucho más tarde de lo que piensas

La mayoría de los estadounidenses tienen una vaga idea de lo que significa el término “complejo militar-industrial” cuando lo ven en un periódico o escuchan que un político lo menciona. El presidente Dwight D. Eisenhower presentó la idea al público en su discurso de despedida del 17 de enero de 1961. “Nuestra organización militar actual tiene poca relación con la conocida por alguno de mis predecesores en tiempos de paz,” dijo, “o por cierto por los combatientes en la Segunda Guerra Mundial y Corea... Hemos sido forzados a crear una industria permanente de armamentos de vastas proporciones... No debemos dejar de comprender sus graves implicaciones... Debemos precavernos contra la adquisición de influencia injustificada, sea buscada o no, por el complejo militar-industrial.”

Aunque la referencia de Eisenhower al complejo militar-industrial ya es bien conocida, creo que su advertencia contra su “influencia injustificada” ha sido generalmente ignorada. Desde 1961, ha habido demasiado poco estudio serio, o discusión de, los orígenes del complejo militar-industrial, cómo ha cambiado con el pasar del tiempo, cómo el secreto gubernamental lo ha ocultado de la supervisión de los miembros del Congreso o de ciudadanos atentos, y cómo degrada nuestra estructura constitucional de división de poderes.

Desde sus orígenes a comienzos de los años cuarenta, cuando el presidente Franklin Delano Roosevelt estaba preparando su “arsenal de la democracia,” hasta la actualidad, la opinión pública ha asumido usualmente que involucraba relaciones más o menos equitativas – a menudo llamadas una “colaboración” – entre el alto comando y los jefes supremos de las fuerzas armadas de EE.UU. y empresas de propiedad privada, con fines de lucro, de producción y servicios. Por desgracia, la realidad es que, desde que emergieron por primera vez, esas relaciones nunca fueron equitativas.

En los años formativos del complejo militar-industrial, el público aún desconfiaba profundamente de firmas industriales de propiedad privada debido al modo como habían contribuido a la Gran Depresión. Por lo tanto, el papel dirigente de la nueva relación emergente estuvo en manos del sector gubernamental oficial. Un presidente profundamente popular y carismático, Roosevelt, patrocinó esas relaciones público-privadas. Obtuvieron más legitimidad porque su propósito era rearmar al país, así como a naciones aliadas en todo el mundo, contra las fuerzas crecientes del fascismo. El sector privado estaba ansioso de seguir esa línea, en gran parte como una manera de recuperar la confianza del público y de disfrazar sus beneficios en tiempos de guerra.

A fines de los años treinta y comienzos de los cuarenta, el uso por Roosevelt de “cooperaciones” público-privadas para incrementar la industria de municiones, y con ello terminar de superar la Gran Depresión, no pasó enteramente sin cuestionamiento. Aunque él mismo era enemigo implacable del fascismo, unos pocos pensaban que aún así el presidente se acercaba a copiar algunas de sus instituciones clave. El destacado filósofo italiano del fascismo, el neo-hegeliano Giovanni Gentile, argumentó una vez que debiera ser llamado de modo más apropiado “corporativismo” porque era una fusión entre el poder corporativo y estatal. (Vea Eugene Jarecki: The American Way of War, p. 69.)

Algunos críticos se alarmaron temprano por la creciente relación simbiótica entre el gobierno y responsables corporativos porque cada cual protegía y otorgaba al mismo tiempo poder al otro, mientras confundía considerablemente la separación de poderes. Ya que las actividades de una corporación son menos afectadas por el escrutinio público o del Congreso que las de una institución pública, las relaciones de colaboración público-privadas dan al sector privado una medida adicional de seguridad contra un escrutinio semejante. Esas preocupaciones terminaron por ser enterradas por el entusiasmo por el esfuerzo de la guerra y la era de prosperidad de posguerra producida por esta última.

Bajo la superficie, sin embargo, había un movimiento menos claramente reconocido del gran capital para reemplazar las instituciones democráticas por aquellas que representaban sus intereses. Este movimiento es ascendente en la actualidad. (Vea el nuevo libro de Thomas Frank: The Wrecking Crew: How Conservatives Rule [Los demoledores: como gobiernan los conservadores], para ver un excelente análisis del eslogan de Ronald Reagan: “el gobierno no es una solución para nuestro problema, el gobierno es el problema.”) Sus objetivos han sido desde hace tiempo desacreditar lo que llaman “el gran gobierno,” mientras capturan para intereses privados las inmensas sumas invertidas por el sector público en la defensa nacional. Puede ser interpretado como una reacción a fuego lento ante lo que los conservadores estadounidenses consideraban como el socialismo del Nuevo Trato.

Sheldon S. Wolin, probablemente el teórico de la democracia más destacado del país, ha escrito un nuevo libro Democracy Incorporated [Democracia & Cía.], sobre lo que llama “totalitarismo invertido” – el ascenso en EE.UU. de instituciones totalitarias y de regimentación cortadas según el modelo de formas anteriores alemanas, italianas y soviéticas. Advierte contra “la expansión del poder privado (es decir sobre todo corporativo) y de la abdicación selectiva de la responsabilidad gubernamental por el bienestar de la ciudadanía.” También condena el grado en el que la así llamada privatización de actividades gubernamentales ha menoscabado insidiosamente nuestra democracia, dejándonos en la creencia generalizada de que ya no se necesita al gobierno y que, en todo caso, éste no es capaz de realizar las funciones que le hemos confiado.

Wolin escribe;

“...La privatización de los servicios y cometidos públicos manifiesta la permanente evolución del poder corporativo hacia una forma política, para convertirse en un socio integral, incluso dominante, del Estado. Marca la transformación de la política estadounidense y de su cultura política, de un sistema en el que las prácticas y los valores políticos eran, si no definidores, por lo menos importantes elementos contribuidores, hacia otro en el que los elementos democráticos restantes del Estado y sus programas populistas están siendo sistemáticamente desmantelados....” (p. 284)

Mercenarios a la obra

El complejo militar-industrial ha cambiado radicalmente desde la Segunda Guerra Mundial o incluso desde plena Guerra Fría. El sector privado se encuentra ahora en pleno ascenso. Las fuerzas uniformadas aéreas, terrestres y navales del país así como sus agencias de inteligencia, incluyendo la CIA, la NSA (Agencia de Seguridad Nacional), la DIA (Agencia de Inteligencia de la Defensa), e incluso redes clandestinas encargadas del peligroso trabajo de penetrar y espiar a organizaciones terroristas, dependen todas de hordas de “contratistas privados.” En el contexto de las funciones de seguridad nacional del gobierno, un mejor término para estas sería “mercenarios” que trabajan en privado para compañías en busca de beneficios.

Tim Shorrock, periodista investigativo y principal autoridad sobre el tema, resume esta situación de un modo devastador en su nuevo libro: “Spies for Hire: The Secret World of Intelligence Outsourcing” [Espías de alquiler: el mundo secreto de la subcontratación de la inteligencia]. Las siguientes citas resumen algunas de sus principales conclusiones:

“...En 2006... el coste de las actividades de espionaje y vigilancia de EE.UU. subcontratadas a contratistas ascendió a 42.000 millones de dólares, o sea a cerca de un 70% de la suma estimada de 60.000 millones que el gobierno gasta cada año en actividades de inteligencia en el exterior y en el interior del país... La cantidad de empleados subcontratados excede ahora el personal a tiempo completo [de la CIA] de 17.500... Los contratistas componen más de la mitad de la fuerza de trabajo del Servicio Clandestino Nacional de la CIA (antiguamente el Directorado de Operaciones), que realiza operaciones clandestinas y recluta a espías en el extranjero..."

“Para satisfacer la insaciable demanda de la NSA de datos y tecnología de la información, la base industrial de contratistas que tratan de hacer negocios con la agencia aumentó de 144 compañías en 2001 a más de 5.400 en 2006... En la Oficina Nacional de Reconocimiento (NRO), la agencia a cargo de lanzar y mantener los satélites de fotoreconocimiento y de escuchas de la nación, casi toda la fuerza laboral está compuesta de empleados a contrata que trabajan para compañías [privadas]... Con un presupuesto anual estimado en 8.000 millones de dólares, el mayor en la IC [comunidad de la inteligencia], los contratistas controlan negocios por cerca de 7.000 millones de dólares en la NRO, dando a la industria de los satélites espías la distinción de ser la parte más privatizada de la comunidad de la inteligencia...

“Si hay una generalización que se pueda hacer sobre los programas IT [de tecnología de la información] subcontratados por la NSA, sería la siguiente: no han funcionado bastante bien, y algunos han sido fracasos espectaculares... En 2006, la NSA no pudo analizar gran parte de la información que estaba reuniendo... Como resultado, más de un 90% de la información que estaba recolectando era descartada sin haber sido traducida a un formato coherente y comprensible; sólo cerca de un 5% era traducida de su forma digital a texto y luego enviada a la división correcta para ser analizada.

“La frase clave en el nuevo léxico del contraterrorismo es ‘cooperaciones público-privadas’... En realidad, ‘cooperaciones’ es una cobertura conveniente para la perpetuación de los intereses corporativos...” (pp. 6, 13-14, 16, 214-15, 365)

Varias deducciones pueden ser extraídas de la estremecedora revelación de Shorrock. Una es que si un servicio de espionaje extranjero quisiera penetrar los secretos militares y gubernamentales estadounidenses, su camino más fácil no sería conseguir acceso a alguna de las agencias oficiales de EE.UU., sino simplemente conseguir trabajo para sus agentes en cualquiera de las grandes compañías privadas orientadas hacia la inteligencia, de las cuales el gobierno ha llegado a depender de manera notable. Estas incluyen a Science Applications International Corporation (SAIC), basada en San Diego, California, que típicamente paga a sus 42.000 empleados salarios más elevados que si trabajaran para puestos semejantes en el gobierno; Booz Allen Hamilton, uno de los contratistas más antiguos en la inteligencia y las operaciones clandestinas que, hasta enero de 2007, fue el empleador de Mike McConnell, el actual director de inteligencia nacional y el primer contratista privado nombrado para dirigir a toda la comunidad de la inteligencia; y CACI International que, bajo dos contratos de “servicios de tecnología de la información,” terminó suministrando en 2003 unas dos docenas de interrogadores al Ejército en Iraq en la ya vergonzosa prisión Abu Ghraib. Según el general Anthony Taguba, quien investigó el escándalo de tortura y abusos en Abu Ghraib, cuatro de los interrogadores de CACI fueron “directa o indirectamente responsables” de la tortura de prisioneros. (Shorrock, p. 281)

De modo bastante notable, SAIC ha virtualmente reemplazado a la Agencia Nacional de Seguridad como el principal recolector de inteligencia por señales para el gobierno. Es el mayor contratista de la NSA, y esta última es hoy el mayor cliente de la compañía.

Hay literalmente miles de otras empresas con fines de lucro trabajando para suministrar al gobierno las así llamadas necesidades de inteligencia, a veces incluso sobornando a miembros del Congreso para financiar proyectos que nadie quiere realmente en el poder ejecutivo. Fue el caso del congresista Randy "Duke" Cunningham, republicano del Distrito 50 de California quien, en 2006, fue sentenciado a ocho años y medio en una prisión federal por solicitar sobornos de contratistas de la defensa. Uno de los sobornadores, Brent Wilkes, amañó un contrato por 9,7 millones de dólares para su compañía, ADCS Inc. ("Automated Document Conversion Systems") para computarizar ¡los archivos centenarios de la excavación del Canal de Panamá!

Un país que se ahoga en eufemismos

EE.UU. ha tenido un prolongado y lamentable historial cuando se trata de proteger su espionaje de la infiltración extranjera, pero la situación actual parece particularmente peligrosa. Se recuerda el caso descrito en el libro en 1979 de Robert Lindsey “El juego del halcón” (aparecido como película en 1985 bajo el mismo nombre). Cuenta la historia verdadera de dos jóvenes californianos del Sur, uno con una alta aprobación de seguridad que trabajaba para el contratista de la defensa TRW (apodado “RTX” en la película), y el otro, drogadicto y pequeño contrabandista. El empleado de TRW es motivado para su comportamiento por su descubrimiento de un documento desviado de la CIA que describe planes para derrocar al primer ministro de Australia, y el otro por necesidad de dinero para pagar su adicción.

Deciden ajustar cuentas con el gobierno vendiendo secretos a la Unión Soviética y los denuncian sus propias chapucerías. Ambos son sentenciados a prisión por espionaje. El mensaje del libro (y de la cinta) reside en la facilidad con la que traicionaron a su país – traición que duró hasta que fueron dejados al descubierto y aprehendidos. Actualmente, gracias a la pasmosa sobre-privatización de la recolección y análisis de la inteligencia en el exterior, se generalizan las oportunidades para semejantes violaciones de la seguridad.

Aplaudo a Shorrock por su extraordinaria investigación de un tema casi impenetrable, basándose solo en fuentes abiertamente disponibles. Existe, sin embargo, un aspecto de su análisis del que difiero. Es su aseveración de que la absorción generalizada de la recolección y análisis oficiales de inteligencia por compañías privadas sea una forma de “subcontratación.” Este término se limita usualmente a una empresa de negocios que compra bienes y servicios que no quiere producir o suministrar desde adentro. Cuando se aplica a una agencia gubernamental que trasfiere muchas, si no todas, de sus funciones clave a compañías adversas a los riesgos que tratan de ganar un beneficio con su inversión, la “subcontratación” simplemente se convierte en un eufemismo para actividades mercenarias.

Como David Bromwich, crítico político y profesor de literatura en Yale, observara en New York Review of Books:

“...La contabilidad y responsabilidad separadas urdidas para Blackwater, DynCorp, Triple Canopy, y negocios similares, formó parte de una transferencia cuidadosa de la supervisión del Congreso al vicepresidente y a los administradores de sus políticas en varios departamentos y agencias. El que gran parte del trabajo sea repartida entre compañías privadas que no son responsables ante las reglas del ejército o la justicia militar, significaba, entre sus numerosas otras ventajas, que el coste de la guerra podía ser ocultado más allá de toda detección...”

Los eufemismos son palabras destinadas a engañar. EE.UU. ya está cerca de ahogarse en ellos, particularmente palabras y términos nuevos diseñados, o utilizados, para ejercer presión, para justificar la invasión estadounidense de Iraq – expresiones de nuevo cuño destacados por Bromwich como ser “cambio de régimen,” “técnicas realzadas de interrogatorio,” “guerra global contra el terrorismo,” “dolores de parto de un nuevo Oriente Próximo,” “ligero aumento de la violencia,” “llevar la tortura hacia el derecho,” “ahogo simulado” y, por cierto, “daño colateral,” queriendo decir la matanza de civiles desarmados por soldados y aviones estadounidense, seguida – pocas veces – por disculpas a la ligera. Es importante que no se confunda la intrusión de funcionarios corporativos no elegidos, con motivos ocultos de lucro, en lo que son ostensiblemente actividades políticas públicas, con negocios privados que compran cintas adhesivas, sujetapapeles, o tapas de cubos.

La transferencia generalizada de funciones militares y de inteligencia a agentes privados, a menudo anónimos, comenzó bajo la presidencia de Ronald Reagan y se aceleró fuertemente después del 11-S bajo George W. Bush y Dick Cheney. A menudo, sin embargo, no se entiende bien lo siguiente: La mayor expansión privada hacia la inteligencia y otras áreas de gobierno ocurrió bajo la presidencia de Bill Clinton. Parece no haber tenido los mismos motivos antigubernamentales y neoconservadores que los privatizadores de las eras de Reagan y Bush II. Sus políticas involucraban típicamente indiferencia hacia – y tal vez incluso ignorancia de – lo que realmente se estaba infligiendo al gobierno democrático, responsable, en nombre de la reducción de costes y una supuesta mayor eficiencia. Uno de los puntos fuertes del estudio de Shorrock es que entra en detalle respecto a las contribuciones de Clinton a la privatización generalizada de nuestro gobierno, y en particular de las agencias de inteligencia.

Reagan lanzó su campaña para reducir el tamaño del gobierno y ofrecer una gran parte de los gastos públicos al sector privado con la creación en 1982 del “Estudio del sector privado sobre control de costes.” A cargo del estudio, que fue conocido como la “Comisión Grace,” nombró al empresario conservador. J. Peter Grace, Jr., presidente de W.R. Grace Corporation, una de las mayores compañías químicas del mundo – tristemente célebre por su producción de asbesto y su participación en numerosos juicios contra la contaminación. La compañía Grace también tuvo una larga historia de inversiones en Latinoamérica, y Peter Grace estuvo profundamente comprometido con el menoscabo de los que consideraba como sindicatos izquierdistas, en particular porque a menudo propiciaban el desarrollo dirigido por el Estado.

Los logros reales de la Comisión Grace fueron modestos. El mayor fue indudablemente la privatización en 1987 de Conrail, el ferrocarril de carga para los Estados del noreste. No pasó mucho más en ese frente durante el primer gobierno de Bush, pero Bill Clinton volvió enérgicamente a la privatización.

Según Shorrock:

“...Bill Clinton... recogió el garrote donde lo había abandonado el conservador Ronald Reagan y... lo usó profundamente en servicios que otrora eran considerados inherentemente gubernamentales, incluyendo operaciones militares de alto riesgo y funciones de inteligencia que estaban reservadas sólo para agencias del gobierno. A fines del primer período [de Clinton], más de 100.000 puestos del Pentágono habían sido transferidos a compañías del sector privado – entre ellos miles de puestos de trabajo en la inteligencia... A fines de su [segundo] período en 2001, el gobierno había reducido 360.000 puestos de trabajo de la nómina federal y el gobierno gastaba un 44% más en contratistas de lo que había hecho en 1993...” (pp. 73, 86)

Esas actividades fueron considerablemente favorecidas por el control republicano de la Cámara de Representantes en 1994, por primera vez en 43 años. Un periodista liberal describió “la subcontratación como una empresa conjunta virtual entre [el jefe de la mayoría en la Cámara] Gingrich, y Clinton."

La derechista Heritage Foundation calificó apropiadamente el presupuesto de Clinton de 1996 como la “agenda de privatización más atrevida presentada por algún presidente hasta la fecha.” (p. 87)

Después de 2001, Bush y Cheney agregaron una justificación racional al proceso que Clinton ya había lanzado con tanta eficiencia. Eran partidarios entusiastas de “un impulso neoconservador para trasegar gastos estadounidenses de defensa, seguridad nacional, y en programas sociales a grandes corporaciones amigas del gobierno de Bush.” (pp. 72-3)

La privatización – y pérdida – de la memoria institucional

El resultado final es lo que vemos en la actualidad: un gobierno ahuecado en términos de funciones militares y de inteligencia. La KBR Corporation, por ejemplo, suministra alimentos, lavanderías, y otros servicios personales a nuestros soldados en Iraq gracias contratos extremadamente lucrativos adjudicados sin licitación, mientras Blackwater Worldwide suministra seguridad y servicios analíticos a la CIA y al Departamento de Estado en Bagdad. (Entre otras cosas, sus mercenarios armados abrieron fuego contra, y mataron, sin provocación alguna, a 17 civiles desarmados en Nisour Square, Bagdad, el 16 de septiembre de 2007, según informes militares de EE.UU.) Los costes – tanto financieros como de personal – de la privatización en los servicios armados y en la comunidad de la inteligencia exceden de lejos cualquier supuesto ahorro, y algunas de las consecuencias para la autoridad democrática pueden resultar irreparables.

Esas consecuencias incluyen: el sacrificio del profesionalismo dentro de los servicios de inteligencia de EE.UU.: la buena disposición de contratistas privados a emprender actividades ilegales sin remordimientos y con impunidad; la incapacidad del Congreso o de los ciudadanos de realizar una supervisión efectiva de actividades de inteligencia administradas por privados por el muro de secreto que las rodea; y tal vez lo más serio: la pérdida del recurso más valioso que posee cualquier organización de inteligencia – la memoria institucional.

La mayor parte de esas consecuencias son obvias, incluso si los políticos nunca hacen comentarios al respecto ni los medios dominantes les prestan mucha atención. Después de todo, los estándares de un agente de carrera de la CIA son muy diferentes de los de un ejecutivo corporativo que debe cuidar el contrato que está cumpliendo y los contratos futuros que determinarán la viabilidad de su firma. La esencia del profesionalismo de un analista de inteligencia de carrera es su integridad al presentar lo que debiera saber el gobierno de EE.UU. sobre un tema de política exterior, sin tener en cuenta los intereses políticos de, o los costes para, los principales protagonistas.

La pérdida de semejante profesionalismo de la CIA fue revelada de manera descarnada en el Cálculo Nacional de Inteligencia de 2002 sobre la posesión de armas de destrucción masiva por Iraq. Todavía parece sorprendente que ningún alto responsable, comenzando por el Secretario de Estado Colin Powell, haya considerado que era apropiado renunciar cuando quedaron en evidencia las verdaderas dimensiones del fracaso de nuestra inteligencia, menos todavía en el caso del director de Inteligencia Central, George Tenet.

La disposición a emprender actividades que van de lo dudoso a lo abiertamente delictuoso parece existir de un modo aún más predominante entre nuestros contratistas de la inteligencia que entre las propias agencias, y para un extraño es aún más difícil detectarla. Por ejemplo, después del 11-S, el contra-almirante John Poindexter, que trabajaba entonces para la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de la Defensa (DARPA) del Departamento de Defensa, tuvo la brillante idea de que DARPA debía comenzar a compilar expedientes sobre la mayor cantidad posible de ciudadanos estadounidenses a fin de ver si procedimientos de “minería de datos” podrían revelar modelos de conducta asociados con actividades terroristas.

El 14 de noviembre de 2002, el New York Times publicó una columna de William Safire con el título "You Are a Suspect" [Eres sospechoso] en la que reveló que DARPA había recibido un presupuesto de 200 millones de dólares para compilar expedientes sobre 300 millones de estadounidenses. Escribió: “Cada compra que haces con una tarjeta de crédito, cada suscripción a una revista que compras y receta médica que presentas, cada sitio en la Red que visitas y cada correo electrónico que envías o recibes, cada depósito que haces en el banco, cada viaje que reservas, y cada evento al que asistes – todas esas transacciones y comunicaciones entrarán en lo que el Departamento de Defensa describe como “una grandiosa base de datos virtual centralizada.” Esto pareció a muchos miembros del Congreso algo demasiado cercano a las prácticas de la Gestapo y de la Stasi bajo el totalitarismo alemán, y por lo tanto, el año siguiente votaron para retirar los fondos al proyecto.

Sin embargo, la acción del Congreso no terminó con el programa de “conocimiento de información total.” La Agencia Nacional de Seguridad decidió en secreto continuarlo a través de sus contratistas privados. La NSA convenció fácilmente a SAIC y a Booz Allen Hamilton que continuaran con lo que según el Congreso constituía una violación de los derechos de privacidad del público estadounidense – por un precio. Que sepamos, el “Programa de conocimiento de información total” del almirante Poindexter sigue actualmente con el mismo ímpetu.

La consecuencia inmediata más grave de la privatización de actividades gubernamentales oficiales es la pérdida de memoria institucional por parte de las organizaciones y agencias más confidenciales del gobierno. Shorrock concluye diciendo: “Tantos ex agentes de inteligencia ingresaron al sector privado [durante los años noventa] que, en el nuevo siglo, la memoria institucional de la comunidad de la inteligencia de EE.UU. reside ahora en el sector privado. Es en gran medida la situación que existía el 11 de septiembre de 2001.” (p. 112)

Esto significa que la CIA. la DIA, la NSA, y las otras 13 agencias en la comunidad de inteligencia de EE.UU. no pueden ser reformadas fácilmente porque sus personales han olvidado en gran parte lo que supuestamente deberían hacer, o cómo hacerlo. No han sido entrenados o disciplinados en las técnicas, resultados inesperados, y conocimientos profesionales de proyectos previos, exitosos y fracasados.

Como han dejado en claro numerosos estudios realizados hasta ahora, el vil fracaso de la ocupación de Iraq tuvo lugar en gran medida porque el Departamento de Defensa envió a Bagdad fuerzas armadas notablemente privatizadas, repletas de aficionados incompetentes, para administrar el manejo de un país derrotado. El Secretario de Defensa, Robert M. Gates (ex director de la CIA), ha advertido repetidamente que EE.UU. está entregando demasiadas funciones a los militares debido a que vació el Departamento de Estado y la Agencia para Desarrollo Internacional desde el fin de la Guerra Fría. Gates cree que estamos presenciando una “militarización reptante” de la política exterior – y, aunque esto generalmente no se dice, tanto los militares como los servicios de inteligencia han entregado demasiadas de sus tareas a compañías privadas y mercenarios.

Si hasta Robert Gates comienza a sonar como el presidente Eisenhower, ya es hora de que los ciudadanos de pie presten atención. En mi libro de 2006: Nemesis: The Last Days of the American Republic, propugné a fin de imponer por lo menos un cierto modesto control sobre la presidencia imperial, que aboliéramos por completo la CIA, junto con otras agencias peligrosas y redundantes de nuestra sopa de letras de dieciséis agencias secretas de inteligencia, y las reemplazáramos por personal profesional del Departamento de Estado dedicado a recolectar y analizar inteligencia del exterior. Sigo manteniendo esa posición.

Aún así, la actual situación representa el peor de todos los mundos posibles. Sucesivos gobiernos y Congresos no han hecho ningún esfuerzo por alterar el papel de la CIA como ejército privado del presidente, incluso si hemos aumentado su incompetencia entregando muchas de sus funciones al sector privado. Con ello hemos aumentado los riesgos de una guerra por accidente, o por capricho presidencial, así como de un ataque sorpresa, porque nuestro gobierno ya no es capaz de evaluar exactamente lo que sucede en el mundo y porque sus agencias de inteligencia están tan abiertas a presión, penetración, y manipulación de todo tipo.

[Nota a los lectores: Este ensayo se concentra en el nuevo libro de Tim Shorrock: Spies for Hire: The Secret World of Intelligence Outsourcing, New York: Simon & Schuster, 2008.

Otros libros señalados: Eugene Jarecki: The American Way of War: Guided Missiles, Misguided Men, and a Republic in Peril, Nueva York: Free Press, 2008; Thomas Frank: The Wrecking Crew: How Conservatives Rule, New York, Metropolitan Books, 2008; Sheldon Wolin: Democracy Incorporated: Managed Democracy and the Specter of Inverted Totalitarianism, Princeton: Princeton University Press, 2008.]

Copyright 2008 Chalmers Johnson
25 de agosto del 2008

Pintura Manifestación - Antonio Berni (1934)
Inspirada en el Grito de Alcorta


Foto de la época

Del Grito de Alcorta al abrazo con la Sociedad Rural Argentina: El rentismo sojero profundiza el histórico parasitismo pampeano-terrateniente.

Por Alberto J. Lapolla* (Escrito con la gorra puesta)

Muchos economistas nacionales y extranjeros han señalado que la ‘Renta Diferencial Pampeana’ -basada en la descomunal feracidad de nuestras pampas, así como en las notables condiciones ecológicas que la caracterizan- dificultan y retrasan la industrialización de la nación. Tal es así que, a diferencia del resto del mundo y en particular de los países del Primer Mundo, en la Argentina los industriales y banqueros se hacen terratenientes y no al revés como enseña la Economía Política clásica, llevando a cabo un ‘camino Prusiano’ invertido. Esta Renta Diferencial genera que los costos de producción por Tolenada de grano o de carne producidos en nuestro país, sean notablemente inferiores a los de los EE.UU., la UE, Australia, Canadá, Brasil, Rusia o China, hicieron otrora a la Argentina históricamente el ‘granero del mundo’, hoy reemplazado hoy por el ‘pastizal-soerol’ global. Claro está que este hecho no sólo se basó en las condiciones ecológicas de la pampa, sino que, estuvo unido a la derrota histórica de los representantes del proyecto de nación industrial, ya fuera en diciembre de 1810, en Huaqui, en Guayaquil, en Navarro, en Pavón, en Pozo de Vargas, en Cerro Corá, en 1890, en 1930, en 1955, en 1966, en 1976, en 1989 o más recientemente en el Senado de la Nación con el voto rentista del señor Vicepresidente de la República (¿sojera?). De tal forma, llama la atención que la Federación Agraria Argentina nacida en 1912 al calor de una rebelión chacarera de ‘gringos’ arrendatarios, se haya aliado aparentemente de manera indisoluble a los planteos de la SRA. Cabe aclarar que los chacareros eran ‘gringos’ y no ‘negros’ –como muy bien se encargaron de aclarar los dirigentes de la FAA- ya que en 1912 los indios habían sido cazados hasta el exterminio y privados de poseer cualquier pedazo de tierra, y los gauchos expropiados luego de Pavón, militarizados y ‘conchabados’ –esclavizados- de prepo en las estancias de los dueños de la tierra. Dueños que no eran más que los antiguos encomenderos españoles acriollados convertidos luego en estancieros durante los gobiernos ‘criollos’ comprendidos entre 1826 a 1916. Sin embargo el carácter rentístico que la sojización ha producido en los antiguos chacareros pampeanos explica este rara mimesis. Nuestra burguesía terrateniente -esa que reapareció potente y temible en marzo de 2008, desmintiendo testarudamente a muchas cátedras y postgrados que hace ya dos décadas negaban su existencia, pasada y presente-, dicha burguesía agraria –la oligarquía según Juan Domingo Perón- ha poseído un clarísimo rasgo parasitario en su concepción económica de latrocinio de tierras, construida a lo largo de los quinientos años de rapiña, esclavización y robo de las tierras y las poblaciones indígenas. Así esa clase ‘estéril e infecunda’ (Hernández Arregui dixit) construiría el cementerio más caro del mundo, cascos de estancia y palacios que replicaron castillos o palacetes de la vieja Europa, que sumados implicaron muchos millones de dólares en plusvalía acumulada de peones rurales y de renta pampeana diferencial inutilizada. Fueron famosas las excursiones de nuestros terratenientes a Europa con la ‘vaca atada para tomar leche fresca’, y los burdeles alquilados para disfrutar de sus placeres. Nuestra oligarquía fue de las primeras en el mundo en poseer teatro de la Ópera (no se contaba con la llegada posterior de Macri), y en construir fabulosas ciudades balnearias, como Mar del Plata o Punta del Este. También en vestirse con la última moda de las más caras telas y modistos europeos, mucho antes que estas cosas existieran en los Estados Unidos. Por el contrario los yanquis se vestían con ropa sencilla de algodón producida por sus telares, mientras destinaban su fabulosa renta agraria generada por la distribución democrática de la tierra (primero sólo entre blancos, luego de la guerra civil contra el sur latifundista-esclavista, también para algunos negros, aunque sin derechos políticos) creando un inmenso mercado interno propio, que le permitiera industrializar agresivamente su nación con recursos y tecnología propios y llegar así a principios del siglo XX al tope de las naciones industriales. Mientras la Argentina, con muy superiores condiciones agro-ecológicas, destinaba su feracidad al modelo agro-exportador que la postraba ante el resto del mundo reduciéndola a ser ‘la granja británica’. Modelo reivindicado por el pacto Roca-Runcimann, y el abuelo del diputado Pinedo. También por Reutemann, Grobokopatel, Huergo, Clarín Rural, la Nación, Grondona, Macri, Cobos, e increíblemente la FAA con Buzzi y De Ángelis a la cabeza. También defienden el modelo agro-exportador (ahora con el aditamento de agro-industrial exportador), muchos propagandistas mediáticos que infectan los medios, ignorantes absolutos de nuestra historia y de la historia económica mundial. Claro en ese país agroindustrial-minero-exportador sólo cabría ‘un habitante por cada cuatro vacas’, según expresan reiteradamente los anales de la SRA y varios de sus presidentes en palabras textuales. La Argentina debería ser un país basado en la industria agro-exportadora, es decir sólo debería dar cabida el 40% de su población (menos de 16 millones de habitantes), ya que esa cifra es la que corresponde al trabajo generado hoy por toda la cadena agroindustrial. Y eso cuando aun no hemos recuperado nuestros niveles industriales de 1974, de ser así sólo cubriría una cifra menor del empleo nacional. Exactamente eso, señaló Martínez de Hoz en 1976 cuando dijo que al país le sobraban 10 millones de habitantes. Mientras esto nos ocurría al país de los estancieros, los Estados Unidos –el país de los granjeros- crecían de manera continuada llegando a poseer más de 280 millones de habitantes mientras nuestra nación castrada por el latifundio y la utilización suntuaria de la Renta Diferencial Pampeana aun no ha llegó a los 40 millones, cuando en 1910 la oligarquía se ufanaba que con el modelo agro-exportador seríamos 100 millones en el año 2000. Aun cuando nuestro ecosistema permite alimentar a 200 millones de habitantes.

A partir del golpe de Estado de 1976 la renta agraria, que el Peronismo había nacionalizado para industrializar el país, vuelve a la oligarquía, tanto en capital como en tierra. Así si en 1966 gracias a los dos Planes Quinquenales y a las leyes de Arrendamientos y del Peón Rural, llegamos a tener 650.000 productores agropecuarios, hoy de manera vergonzosa en apenas poseemos 330.000. De tal forma, la oligarquía recuperó 320.000 producciones que debió vender o arrendar a bajo precio durante los años del Peronismo, restituyendo su monopolio sobre la propiedad de la tierra. Monopolio que tiene cifras muy concretas, el 49.7 % de la tierra de todo el país pertenece a 6900 familias-empresas, 936 terratenientes poseen 35.5 millones de hectáreas, cifra equivalente a toda la superficie sembrada en la última campaña. Este proceso que se produce también por la mejora tecnológica que tiende a la concentración, pero principalmente por las políticas reaccionarias implementadas desde 1976 en adelante, se agudizó masivamente durante la sojización. De tal forma, a partir de 1995, fecha en que Felipe Solá, Secretario de Agricultura de Cavallo, autorizó la propagación masiva de la soja transgénica -sin ningún estudio que permitiera evaluar sus riesgos sobre el ecosistema y la salud de la población- la eliminación de pequeños productores y la depreadación del ecosistema se hiperbolizó. Es así que la sojización eliminó aproximadamente 200.000 desde 1995. La mayoría de ellos afiliados a la FAA, que pasó de tener 400.000 miembros en 1990 a sólo 100.000 hoy, con el agravante que sólo posee 5.000 cotizantes. Pero además se concentró de manera descomunal el ingreso y el poder de los productores pampeanos atados al monocultivo sojero. De los 330.000 productores que nos restan en todo el país, sólo 110.000 poseen más de 100 hectáreas –cifra límite en algún sentido para hacer soja- el resto unos 220.000 que poseen menos de 100 has, son los verdaderos chacareros y campesinos pobres y en general hace tiempo que no están en la FAA. De esos 110.000 productores que poseen más de 100 has., sólo 80.000 hacen soja el resto produce alimentos, es así que todo el conflicto por la resolución 125 refería en última instancia a esos 80.000 productores, que proyectados a una familia tipo nos lleva a hablar de 320.000 personas implicadas en la cuestión de la renta sojera pura: menos del 1% de la población nacional. Sin embargo ese sector ha asumido de manera notable el parasitismo histórico de la oligarquía terrateniente -esa que sólo en la campaña 2004-005 recibió por arrendar sus campos para hacer soja, 3.000 millones de dólares, sin invertir, trabajar, ni arriesgar nada. La sojización modificó sustancialmente la estructura de clases de la Pampa Húmeda y la mentalidad del antiguo chacarero productor de alimentos. Ya no sólo no es arrendatario de la oligarquía, y necesita de una organización que lo defienda –la FAA- como en 1912, sino que ahora es propietario de una fortuna. Una hectárea en la pampa Húmeda oscila en un valor de 12.000 a 20.000 USS, considerando las zonas marginales respecto de la zona núcleo. Es decir que un propietario de 100 has posee un capital que oscila 1.2 a 2 millones de dólares. Si posee 200 su capital es de 2.4 a 4 millones de dólares y así de seguido. ¿Podemos hablar entonces de un pequeño productor, de un chacarero que trabaja con su familia de sol a sol? Pero hay algo más. La brutal destrucción de mano de obra que produce la sojización: 500 has de soja generan un solo puesto de trabajo, destruyendo 9 de cada 10 puestos de trabajo del sistema tradicional, permite que sólo un tercio de los trabajadores agrarios reciban sus magros salarios en blanco. Mientras tanto la FAA –al igual que las otras tres organizaciones ‘del campo’- se negó a aceptar las 8 horas de trabajo, exigiendo trabajo de ‘sol a sol’ como lo permite una ‘Ley’ de la dictadura. Esta situación –y la no intervención del Estado hasta ahora- hicieron muy previsible y altamente rentable la sojización, permitiendo el ingreso masivo del capital financiero a través de los pools de siembra, de los cuales también participan chacareros poseedores de 100, 200 o más hectáreas. De tal forma hoy el 70% de la producción de granos se realiza por el sistema de arriendo. De tal forma una Ha se alquila en pradera pampeana a 600 USS. O sea que un ‘humilde chacarero’ de 100 has recibirá por adelantado, en efectivo y sin ningún papel que lo registre 60.000 USS por alquilar su campo. El doble si posee 200Has, y así de seguido. Es decir una suma colosal respecto de lo que gana un trabajador o un pequeño comerciante, sin hacer absolutamente nada, simplemente por poseer la tierra. Peor aun, estos chacareros que obtienen 60.000 USS por alquilar sus 100 Has, para hacer soja, pueden casi duplicar su ingreso haciendo trigo por mano propia o por arriendo, haciendo que por 100 has puedan obtener, digamos, 100.000 USS por año sin hacer nada, unos 300.000 pesos, algo así como 25.000 pesos mensuales sin hacer nada y sin necesidad de vivir en el campo. Es decir que el viejo chacarero de la FAA se ha transformado en terrateniente rentista al igual que su antiguo patrón oligarca. Por eso están juntos en los cortes, asambleas y piquetes. Sus intereses son los mismos, aun cuando posean escalas y problemáticas diferentes. La sojización ha hecho que desde el punto de vista de la estructura de clases de la sociedad sean lo mismo y por eso están juntos. Por eso Bussi inaugura la muestra de la Rural por primera vez en la historia y De Ángelis se junta con Macri, porque piensan igual. Hoy los chacareros ya no son los humildes colonos o campesinos del imaginario colectivo. De allí que tengan mucho tiempo libre para, por ejemplo, salir a cortar rutas junto a sus socios más grandes de la SRA o CRA para impedir que alguien –el Estado nacional- ose tocar su renta extraordinaria. ‘A ver si se les ocurre reindustrializar la Argentina o reconstruir los ferrocarriles y esos negros de mierda que no quieren laburar recuperan su ingreso y su poder sindical’. Dios nos libre.

*Ingeniero Agrónomo genetista e historiador.

11 de septiembre de 2008

Entrevista al historiador Norberto Galasso‏


Norberto Galasso

“Para dar una nueva pelea, primero debemos medir nuestras fuerzas.”

Por Roberto Koira

Exponente del pensamiento nacional, Galasso señala que la debilidad de los sectores populares es un obstáculo para la profundización del modelo. Defiende al Gobierno, condena a Cobos y advierte sobre la dificultad de avanzar con una nueva ley de radiodifusión: 'Jauretche diría que estamos combatiendo con arcos y flechas mientras ellos tienen cañones.'

Norberto Galasso es uno de los máximos exponentes del pensamiento nacional y un historiador de fuste. Junto a Revista ZOOM recorrió los caminos de la actualidad sin dejar de lado la impronta del pasado. Para él, todo está relacionado y los nubarrones del campo popular siempre son los mismos, solo con los distintos matices de cada tiempo.

—¿Pagar al club de París fue recuperar autonomía o una claudicación?

—Me inclino por pensar que se recuperó autonomía. Creo que en política hay dos cuestiones que son centrales. Una es saber quién es el enemigo principal y la otra es conocer la correlación de fuerzas que existe entre él y nosotros.

En general, uno se da cuenta que casi todas las operaciones de la deuda externa tienen cierta ilegitimidad. Porque te dan un préstamo al 4% por cuota y después ellos manejan los intereses, como pasó con la deuda externa en la época de la dictadura y 6 años después el interés estaba en el 20%. En esa coyuntura, todo nuevo prestamista es extorsionador. Entonces, si uno tiene fuerza, si América latina estuviera unida, por ejemplo, uno le da una patada al tablero y no paga la deuda externa con nadie. Como este no es el caso, yo me inclino a considerar que me parece conveniente que se vaya saneando esa situación. Así como se pagó al Fondo Monetario para que el gobierno no esté bajo la presión de los intentos de monitoreo de los organismos internacionales. Por supuesto que esto no implica que ahora vengan los holdouts a querer cobrar, ya que esa fue una deuda para la que tuvieron la oportunidad de presentarse con los bonos y no lo hicieron. Eso está terminado.

En Estados Unidos se comentaba que la Argentina debería completar esa política pagando a los que habían quedado defolteados. En general, me parece que, más allá de que algunas deudas puedan tener cierta ilegitimidad, la política de desendeudamiento puede considerarse positiva.

—Y en este mismo tono estaría el tema de Aerolíneas.

—Lo importante es que, de un modo u otro, se recupera el control de una empresa que fue ejemplo de gestión, que era superavitaria, que funcionaba muy bien. Hasta en la pavada de lo que te ofrecían en un vuelo. Entonces hay que hacer mucho ahí, pero con la intervención de los gremios aeronáuticos en una de esas se puede enderezar esto. El proyecto del Ejecutivo ha sido modificado y creo que en eso ha jugado de manera importante también el mismo bloque oficialista al plantear que sea el Congreso quien pueda fijar el precio y, de última, recurrir a la expropiación.

En definitiva, se trata de ir recuperando, con muchas dificultades, el control de resortes fundamentales de la economía como son el transporte tanto internacional como interno. En líneas generales, lo veo bien, más allá de que no hay que cargarse con el pasivo que tiene Marsans por vaciamiento. Quizá hubo falta de control por parte del gobierno. En realidad, ningún gobierno de Argentina controló bien a las multinacionales, es muy difícil.

—¿Argentina está a la altura del proceso que vive Latinoamérica?

—Acompaña, como cuando en Mar del Plata se rechazó el ALCA, como cuando avanza con el Mercosur ampliado. O cuando la presidenta argentina participa de un cónclave donde se habla de la necesidad de crear un Consejo de Defensa latinoamericano, para el caso que alguna gran potencia intervenga bélicamente en alguno de los países y que todos los demás se sientan atacados. Son avances, que son difíciles de concretar. Lo importante es poner en discusión una empresa energética latinoamericana o crear un tren Caracas-Buenos Aires y dar los primeros pasos del Banco del Sur. En todo eso, el gobierno ha acompañado.

Uno puede ponerse en perfeccionista y decir que quedamos a la zaga de Brasil porque es más poderoso, que el gobierno no tiene la energía expropiatoria que tiene Chávez o no tiene el gran apoyo popular que tiene Evo. Lo que pasa es que cada país hace su propia historia y acá venimos de 30.000 desaparecidos, una traición de toda la conducción del movimiento nacional más importante que hubo en la Argentina (el peronismo en la época de Menem), el fracaso del radicalismo en el gobierno de la Alianza y una parte del PJ que está en manos de algunos tipos jodidos y reaccionarios con muchos intendentes que se dan vuelta en cualquier momento. Entonces, uno no puede plantear en abstracto por qué Argentina no avanza al mismo ritmo que avanza Venezuela o, para mi gusto, como avanzó Cuba en su momento. Yo creo que acompaña el proceso tendiente a la liberación y unificación latinoamericana.

—¿Por qué no se profundiza el modelo?

—Hay una anécdota que corre, no sé si es cierta. Pino Solanas fue a verlo a Kirchner y le comentó que la renta petrolera y minera que se estaban llevando era tremenda y Kirchner le contestó: “Bien, juntame en Plaza de Mayo 500.000 personas y yo me quedo con Repsol”. Pino hizo un acto frente a YPF y hubo mil personas. Es decir, existe un debilitamiento en el campo popular, que está fragmentado en muchas pequeñas agrupaciones de gente que piensa lo mismo. Esto quedó evidenciado en el conflicto del campo, que pudo reunir más gente porque juntó a todo Barrio Norte, que es el barrio clasista de la Argentina. Porque la única clase que tiene conciencia sobre sí, como decía Marx, es la clase dominante. Frente a eso, el peligro de exigir más allá de lo que puede el gobierno es crear condiciones para que éste se hunda y para que, por alguna razón, el vicepresidente, que ha demostrado que es un traidor, asuma la presidencia. Es decir, la opción es de derecha, ninguna por izquierda y la alternativa la tenemos que dar nosotros uniendo al campo popular, dando el debate ideológico, incidiendo sobre las clases medias, tratando de “desazonzarlos” como decía el viejo Jauretche. Pero mientras no tengamos la fuerza tenemos que ser muy prudentes, porque una cosa es la estrategia política con las grandes ideas y otra es la política concreta. La política concreta es si yo, con mis 72 años, me enojo con el de la mesa de al lado, que es un boxeador de 30 años. Yo me la tengo que bancar, tengo que tratar de calmarlo, de persuadirlo y no darle un trompazo porque el tipo me va a matar. Esto es lo mismo, el gobierno evidentemente se equivocó al entrar en un conflicto con una mala evaluación, sobre todo de la Federación Agraria, que hoy tiene más rentistas que trabajadores. Y se llevó una derrota.

Ahora, cuando se busca un tono más flexible, más dialoguista, siempre los medios de comunicación le buscan una vuelta para criticar a la presidenta. Entonces, antes no les venía bien antes porque según ellos era arrogante y muy soberbia. Y ahora no les viene bien que mande las cosas al Congreso. No les viene bien nada porque no resisten a la presidenta, como no resisten a Evo en Bolivia, como no resisten a Chávez porque es un “populista”, no resisten a Fidel porque en educación y salud les demostró que pueden funcionar mejor que el capitalismo. Es decir, ha reverdecido un gorilismo muy peligroso que tiene los medios a su disposición.

—Usted en algunas charlas decía que parte de lo que piensa la gente sale de la historia mitrista. ¿Cómo se combate eso?

—Jauretche diría que estamos combatiendo con arcos y flechas mientras ellos tienen cañones. Y lo hacemos a través de libros, declaraciones, nosotros en el Teatro Ateneo el martes pasado juntamos a 550 personas y eso es importante. Esa gente se multiplica, son cuadros medios, maestros, profesores. El fenómeno de Carta Abierta también es interesante, aunque yo le tengo un poco de desconfianza porque los intelectuales son un poco complicados, pero de cualquier modo es importante. A mí se me da el hecho ahora, a esta altura de mi vida, de tener que hacer tres clases iniciales sobre historia argentina de los últimos 50 años para los chicos que ingresan a TEA. Me ofrecieron también de la Facultad de Filosofía y Letras dar unas charlas sobre histografía, que implica una crítica al mitrismo y al viejo rosismo nacionalista de derecha. Tengo que ir a San Martín en estos días, a la UTN de Avellaneda. Hay una búsqueda, que yo creo está ligada a los fenómenos de las sucesivas frustraciones que ha tenido el pueblo argentino. Entonces, hay sectores medios que ya no se tragan más que el mercado maneja todo, no se tragan más que los amigos de Inglaterra fueron los que hicieron la Argentina, no se tragan más que la Argentina es el campo y nada más que el campo. Es decir, saben lo que no quieren. Lo que falta es el proyecto alternativo.

Carta Abierta estuvo apoyando al gobierno en un acto en la Biblioteca Nacional en el que estuvo Kirchner y se le pidió que se cree un canal de noticias porque no puede ser que yo, para informarme de lo que pasa, tenga que poner TN. Cuando en el medio del conflicto con el campo, TN me daba información a favor de ellos, por supuesto yo me corría a Canal 7, pero estaban pasando básquetbol, música clásica, cualquier cosa. Tiene su razón de ser que Canal 7 no sea un canal culturoso, el gancho de llamar al público con los deportes. Pero evidentemente hay que hacer un canal de noticias. También planteó Kirchner en ese momento que había que darle a Carta Abierta en Canal 7 tres horas diarias. No sé a qué hora sería, ya que a Telesur hay que verlo de madrugada.

De esa manera se combate. La semana que viene tengo que ir a Laferrere, donde hay un profesor que les da a los alumnos los fascículos que sacamos en el centro cultural para formarlos históricamente. Yo voy y encuentro cosas que no encontraba. Antes a un director de una escuela uno le proponía algo y te respondía “No, usted no habla de historia sino de política”. En otro colegio, el director me convocó para hablar de deuda externa. Formó 10 grupos de 10 chicos y la semana previa empezaron a hablar sobre la deuda, sus efectos, el origen, la ilegitimidad, qué hay que hacer, etc. Prácticamente, yo solo hice una introducción y después habló un representante por grupo. Estos cambios son nuevos y no se dan a la velocidad que quisiéramos los que tenemos muchos años. Pero se dan, y yo creo que cuando uno le conversa a los pibes, principalmente adolescentes, de una historia real, donde le cuenta que San Martín dejó de ver a la mujer y la mandó a Buenos Aires porque hablaba mucho con un oficial. Después él se fue a Perú y tuvo una amante, lo que era lógico, Rosita Campusano, pero la historia escolar la ha borrado. Los chicos pescan esas cosas.

Uno les habla sobre el conflicto agropecuario y sobre esa riqueza tremenda y alguna gente dice “No, si el tipo compró la tierra”. Bueno, empecemos por ahí, ¿quién fue el primero que compró la tierra? Antes estaba en manos de pueblos originarios o de gauchos que no tenían escritura. Y los que usurparon esos campos, ¿qué hicieron después con esa renta extraordinaria? Construyeron palacetes, como los Anchorena, y viajaron a Europa todos los años, porque no se iban a hacer retenciones ellos mismos. La oligarquía podría haber creado un país industrial, minero, de gran desarrollo pesquero, hidroeléctrico, haber hecho lo que hizo Estados Unidos, donde la burguesía creó un gran desarrollo.

—Usted dijo que los fierros de hoy eran los medios de comunicación, ¿no es urgente una nueva ley de Radiodifusión?

—Es difícil, porque el gobierno no puede resistir otra derrota. Todos hablan mucho, pero todos coquetean con los grandes medios. Entonces no sé, frente a una ley de Radiodifusión que le plantee cosas a un multimedio como Clarín. Tenemos medios gráficos donde a un periodista con treinta años en La Voz del Interior, como Enrique Lacolla, lo echaron por haber escrito, no allí sino por Internet, un artículo contra el campo. O a Claudio Díaz, que lo echaron de Clarín por sus ideas políticas.

Hay mucha gente que recibe atenciones permanentes de Joaquín Morales Solá, de Julio Blank, de Van der Kooy, de Longobardi… toda esa gente no quiere perder la vidriera, no sé cómo van a votar. Entonces es muy peligroso. Hay que sopesar hasta dónde se puede llevar una ley de Radiodifusión, que no sea simplemente una especie de cosmético. Así se puede volver a producir el mismo fenómeno, con distintos argumentos. Como Claudio Lozano, que con los argumentos de la ética vota con la Sociedad Rural.

Con este panorama, es imprescindible una nueva ley de Radiodifusión, pero es peligroso el debate por la presión que puede significar una derrota, encima con un vicepresidente que es capaz de hacer cualquier cosa con tal de llegar al poder. Es tal la confusión, que hay gente que dice “el senador Cobos” y él no es senador, es el representante del Poder Ejecutivo en el Senado y no tuvo votos propios, llegó por los votos de Cristina. Entonces es peligroso porque mucha gente puede jugar a eso: Duhalde, Romero, Macri, después se pelearán entre ellos para ver quién se queda con el botín.

—Más de lo mismo

—No, son peores. Ellos saldrían con una política directamente pro yanqui, romperían la sintonía que hay con Chávez, por ejemplo, no se ocuparían del Mercosur más de lo que le pedirían las multinacionales que tengan intereses, como hizo Menem. Retrocederíamos en todos los aspectos.

—Hoy sigue persistiendo, entre la gente, la idea de que la tierra es la fuente de toda la riqueza y no el trabajo como motor de la plusvalía.

—Ese es el estado mitrista, que creó un mito sobre la gran Argentina, cuando hubo una gran Argentina pero solo para una minoría que se manejaba en Europa como jeques árabes. Y eso creó la idea de que gracias al campo toda la Argentina vivía bien, cuando en La Rioja había una mortandad infantil de 200 por mil y por 5 chicos que nacían antes del año se moría uno. No se desarrolló el país y gracias a eso hoy el sur es un desierto con grandes estancias. Todo eso no se explicó. Y a la clase media porteña se la preocupó por las últimas novedades europeas y leían el Martín Fierro por obligación. Todo eso ha sido un largo trabajo para formar una mentalidad colonial incluso en nuestra izquierda.

Ahora estamos en la misma historia, entonces hay que quebrar, hay que politizar y romper todos esos mitos, explicar que el campo hoy es una fuente de renta y que nuestros chacareros viven en el pueblo y perciben una renta por equis cantidad de hectáreas. Hablar de los pooles de siembra y de Monsanto y cómo se está agotando la fertilidad de la tierra. Pero esto no se discute en las mesas redondas de la televisión, allí se discute la pavada. Hay un francés que dice por ahí que la característica del capitalismo es que en los grandes medios de comunicación se discuten profundamente las cosas de poca importancia y se discuten superficialmente las cosas de gran importancia. Con Tinelli la gente está en eso, pero también hay personas que están en la búsqueda, por eso hace tres años que llenamos el Teatro Ateneo con nuestras charlas.
Decreto 28071 de Nacionalización de Gas y Petróleo de Bolivia Publicado digitalmente: 2 de mayo de 2006
Decreto Supremo 28071
Evo Morales Ayma
Presidente Constitucional de la República




“Héroes del Chaco”

Considerando: Que en históricas jornadas relucha, el pueblo ha conquistado a costa de su sangre, el derecho de que nuestra riqueza hidrocarburífera vuelva a manos de la nación y sea utilizada en beneficio del país.

Que en el Referéndum Vinculante de 18 de julio de 2004, a través de la contundente respuesta a la pregunta 2, el pueblo ha decidido, de manera soberana, que el Estado Nacional recupere la propiedad de todos los hidrocarburos producidos en el país.

Que de acuerdo a lo expresamente dispuesto en los Artículos 136, 137 y 139 de la Constitución Política del Estado, los hidrocarburos son bienes nacionales de dominio originario, directo, inalienables e imprescriptibles del Estado, razón por la que constituyen propiedad pública inviolable.

Que por mandato del inciso 5 del Artículo 59 de la constitución Política del Estado, los contratos de explotación de riquezas nacionales deben ser autorizados y aprobados por el Poder Legislativo, criterio reiterado en la sentencia del Tribunal Constitucional N° 0019/2005 de 7 de marzo de 2005.

Que esta autorización y aprobación legislativa constituye fundamento del contrato de explotación de riquezas nacionales por tratarse del consentimiento que otorga la nación, como propietaria de estas riquezas, a través de sus representantes.

Que las actividades de exploración y producción de hidrocarburos se están llevando adelante mediante contratos que no han cumplido con los requisitos constitucionales y que violan expresamente los mandatos de la Carta Magna al entregar la propiedad de nuestra riqueza hidrocarburífera a manos extranjeras.

Que ha expirado el plazo de 180 días, señalado por el Artículo 5 de la Ley N° 3058 de 17 de mayo de 2005 -Ley de Hidrocarburos, para la suscripción obligatoria de nuevos contratos.

Que el llamado proceso de capitalización y privatización de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos -YPFB ha significado no sólo un grave daño económico al Estado, sino además un acto de traición a la patria al entregar a manos extranjeras el control y la dirección de un sector estratégico, vulnerando la soberanía y la dignidad nacionales.

Que de acuerdo a los Artículos 24 y 135 de la Constitución Política del Estado, todas las empresas establecidas en el país se consideran nacionales y están sometidas a la soberanía, leyes y autoridades de la República.

Que es voluntad y deber del Estado y del Gobierno Nacional, nacionalizar y recuperar la propiedad de los hidrocarburos, en aplicación a lo dispuesto por la Ley de Hidrocarburos.

Que el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos como también el Pacto de los Derechos Económicos y Culturales, suscritos el 16 de diciembre de 1966, determinan que: “... todos los pueblos pueden disponer libremente de sus riquezas y recursos naturales, sin perjuicio de las obligaciones que derivan de la cooperación económica internacional basada en el principio del beneficio recíproco, así como del derecho internacional. En ningún caso podrá privarse a un pueblo de sus propios medios de subsistencia”.

Que Bolivia ha sido el primero país del Continente en nacionalizar sus hidrocarburos, en el año 1937 a la Standard Oil Co., medida heroica, que se tomó nuevamente en el año 1969 afectando a la Gulf Oil, correspondiendo a la generación presente llevar adelante la tercera y definitiva nacionalización de su gas y su petróleo. Que esta medida se inscribe en la lucha histórica de las naciones, movimientos sociales y pueblos originarios por reconquistar nuestras riquezas como base fundamental para recuperar nuestra soberanía.

Que por lo expuesto corresponde emitir la presente disposición, para llevar adelante la nacionalización de los recursos hidrocarburíferos del país.

En Consejo de Ministros

Decreta:

Artículo 1.

En ejercicio de la soberanía nacional, obedeciendo el mandato del pueblo boliviano expresado en el Referéndum vinculante del 18 de julio del 2004 y en aplicación estricta de los preceptos constitucionales, se nacionalizan los recursos hidrocarburíferos del país. El Estado recupera la propiedad, la posesión y el control total y absoluto de estos recursos.


Artículo 2.
I. A partir del 1 de mayo del 2006, las empresas petroleras que actualmente realizan actividades de producción de gas y petróleo en el territorio nacional, están obligadas a entregar en propiedad a Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos -YPFB, toda la producción de hidrocarburos.

II. YPFB, a nombre y en representación del Estado, en ejercicio pleno de la propiedad de todos los hidrocarburos producidos en el país, asume su comercialización, definiendo las condiciones, volúmenes y precios tanto para el mercado interno como para la exportación y la industrialización.

Artículo 3.


I. Sólo podrán seguir operando en el país las compañías que acaten inmediatamente las disposiciones del presente Decreto Supremo, hasta que en un plazo no mayor a 180 días desde su promulgación, se regularice su actividad, mediante contratos, que cumplan las condiciones y requisitos legales y constitucionales. Al término de este plazo, las compañías que no hayan firmado contratos no podrán seguir operando en el país.




II. Para garantizarla continuidad de la producción, YPFB, de acuerdo a directivas del Ministerio de Hidrocarburos y Energía, tomará a su cargo la operación de los campos de las compañías que se nieguen a acatar o impidan el cumplimiento de lo dispuesto en el presente Decreto Supremo.




III. YPFB no podrá ejecutar contratos de explotación de hidrocarburos que no hayan sido individualmente autorizados y aprobados por el Poder Legislativo en pleno cumplimiento del mandato del inciso 5 del Artículo 59 de la Constitución Política del Estado.

Artículo 4.


I. Durante el período de transición, para los campos cuya producción certificada promedio de gas natural del año 2005 haya sido superior a los 100 millones de pies cúbicos diarios, el valor de la producción se distribuirá de la siguiente forma: 82% para el Estado (18% de regalías y participaciones, 32% de Impuesto Directo a los Hidrocarburos -IDH y 32% a través de una participación adicional para YPFB), y 18% para las compañías (que cubre costos de operación, amortización de inversiones y utilidades).


II. Para los campos cuya producción certificada promedio de gas natural del año 2005 haya sido menor a 100 millones de pies cúbicos diarios, durante el período de transición, se mantendrá la actual distribución del valor de la producción de hidrocarburos.

III. El Ministerio de Hidrocarburos y Energía determinará, caso por caso y mediante auditorías, las inversiones realizadas por las compañías, así como sus amortizaciones, costos de operación y rentabilidad obtenida en cada campo. Los resultados de las auditorías servirán de base a YPFB para determinar la retribución o participación definitiva correspondiente a las compañías en los contratos a ser firmados de acuerdo a lo establecido en el Artículo 3 del presente Decreto Supremo.

Artículo 5.
I. El Estado toma el control y la dirección de la producción, transporte, refinación, almacenaje, distribución, comercialización e industrialización de hidrocarburos en el país.

II. El Ministerio de Hidrocarburos y Energía regulará y normará estas actividades hasta que se aprueben nuevos reglamentos de acuerdo a Ley.

Artículo 6.
I. En aplicación a lo dispuesto por el Artículo 6 de la Ley de Hidrocarburos, se transfieren en propiedad a YPFB, a título gratuito, las acciones de los ciudadanos bolivianos que formaban parte del Fondo de Capitalización Colectiva en las empresas capitalizadas Chaco S.A., Andina S.A. y Transredes S.A.

II. Para que esta transferencia no afecte el pago del BONOSOL, el Estado garantiza la reposición de los aportes por dividendos, que estas empresas entregaban anualmente al Fondo de Capitalización Colectiva.

III. Las acciones del Fondo de Capitalización Colectiva que están a nombre de los Administradores de Fondos de Pensiones en las empresas Chaco S.A., Andina S.A. y Transredes S.A., serán endosadas a nombre de YPFB.

Artículo 7.
I. El Estado, recupera su plena participación en toda la cadena productiva del sector de hidrocarburos.

II. Se nacionalizan las acciones necesarias para que YPFB controle como mínimo el50% más 1 en las empresas Chaco S.A., Andina S.A., Transredes S.A., Petrobrás Bolivia Refinación S.A. y Compañía Logística de Hidrocarburos de Bolivia S.A.

III. YPFB nombrará inmediatamente a sus representantes y síndicos en los respectivos directorios y firmará nuevos contratos de sociedad y administración en los que se garantice el control y la dirección estatal de las actividades hidrocarburíferas en el país.

Artículo 8.

En 60 días, a partir de la fecha de promulgación del presente Decreto Supremo y dentro del proceso de refundación de YPFB, se procederá a su reestructuración integral, convirtiéndola en una empresa corporativa, transparente, eficiente y con control social.

Artículo 9.

En todo lo que no sea contrario a lo dispuesto en el presente Decreto Supremo, se seguirán aplicando los reglamentos y normas vigentes a la fecha, hasta que sean modificados de acuerdo a ley. Los Señores Ministros de Estado, el Presidente de YPFB y las Fuerzas Armadas de la Nación, quedan encargados de la ejecución y cumplimiento del presente Decreto Supremo. Es dado en el Palacio de Gobierno de la ciudad de La paz, el primer día del mes de mayo del año dos mil seis. Fdo. Evo Morales Ayma, David Choquehuanca Céspedes, Juan Ramón Quintana Taborga, Alicia Muñoz Alá, Walker San Miguel Rodríguez, Carlos Villegas Quiroga, Luis Alberto Arce Catacora, Abel Mamani Marca, Celinda Sosa Lunda, Salvador Ric Riera, Hugo Salvatierra Gutiérrez, Andrés Soliz Rada, Walter Villarroel Morochi, Santiago Alex Gálvez Mamani, Ministro de Trabajo e Interino de Justicia, Félix Patzi Paco, Nila Heredia Miranda.
Centro Cultural Bernardilno Rivadavia


Foro Internacional de Educación, Estimulación y Desarrollo Infantil

El Centro Cultural Bernardino Rivadavia anuncia que está abierta la inscripción al Foro Internacional de Educación, Estimulación y Desarrollo Infantil, a realizarse el próximo 10 y 11 de octubre en el marco del mes del discapacitado.

Organizado por el Sub Capítulo Rosario OMEDI-AMEE (Organización Mundial de Educación, Estimulación y Desarrollo Infantil - Asociación Mundial de Educación Especial) y avalado por el Ministerio de Educación de la Provincia de Santa Fe, el encuentro está dirigido a toda la comunidad educativa y tiene como objetivo propiciar, desde un enfoque interdisciplinario, diferentes visiones sobre la educación y las etapas del desarrollo infantil que permitan al profesional ejercer prácticas educativas diversas y actualizadas.

Disertarán en las jornadas los especialistas cubanos Orlando Terré Camacho (Presidente de OMEDI-AMEE) y Claribel Terré Morell y los argentinos Gabriel Federico y Gustavo Vera.

Los interesados en inscribirse u obtener más información, pueden contactarse con los correos electrónicos: congreso.educ.esp.ros@hotmail.com; omedi.ros.arg@hotmail.com; o bien a través de la página web: http://ceer2008.blogspot.es/

Agradecemos su difusión
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